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Eduardo Torres
Tal es el título de la novela escrita por el Peruano Mario Vargas Llosa el año 1963 y cuyo contenido no se refiere precisamente a los también llamados “el mejor amigo del hombre” sino que cuenta las historias de jóvenes internados en un establecimiento con férrea disciplina militar.
En esta ocasión solamente tomaremos el título de la citada novela de Vargas Llosa, para referirnos a la ciudad de Cañete de la frontera y a sus perros, los que pululan por aquí o por allá sin tener límite o frontera alguna para circular por donde se les de la gana.
Quien no ha tenido en alguna etapa de su vida la compañía de algún cachorro con el cual se fue compañero de juegos y aventuras, casi siempre un genuino Quilterrier de raza tan desconocida como dudosa. El peludo amigo que se convierte en un compañero ideal que acepta todo con humildad, desde las caricias hasta los golpes e insultos por no aprender el entrenamiento que hemos decidido darle, sin preguntarnos si está de acuerdo o no.
¿Han observado los ojos de un perro cuando se le reprende o castiga?, son de una expresividad que no permite dudar de su condición de animal inteligente y entregado sumiso a cualquier capricho de su amo o ama.
En lo personal recuerdo a tres de estos leales amigos que llenaron algunas etapas de mi vida. Como no recordar a Pinocho, por ejemplo, un ratonero lanudo negro con manchas blancas (o al revés ) bautizado así en honor al muñeco de palo que le crecía la nariz al decir mentiras, creado por Gepetto, muy amigo de Pepe grillo y que me acompañó durante parte de la infancia.
Era un perro muy expresivo y cariñoso, compañero de juegos y guardián valiente y arrojado a pesar de su reducido tamaño cuando se trataba de cuidar la casa de la posible incursión de intrusos ya fueran estos otros perros o merodeadores de dos piernas.
Pinocho no era de Cañete, fue importado desde Tomé traído con muy buenas recomendaciones de mi fallecida tía Rebeca; era muy pequeño pero pintaba para bueno. Mi abuelo lo miró le hizo algunas caricias y luego dio su veredicto: “si, sirve para la casa pero sin cola”. Acto seguido tomó un hachita de mano y un martillo y me conminó a seguirlo hasta un tronco de árbol cortado para leña.
Tu lo afirmas – me dijo - y hazle cariño para que no sienta nada, a continuación puso el hacha sobre la cola de Pinocho que se movía amistosamente y de un martillazo Pinocho cambió abruptamente de talla.
Con espanto vi como la cola quedó ensangrentada sobre el tronco mientras Pinocho salió corriendo como alma que se lleva el diablo, dándose vueltas sobre si mismo, sin encontrar su apéndice cercenado nunca más.
Debo decir que Pinocho murió de viejo y muchos años antes de que otro personaje motejado con ese apodo y que también murió de viejo, pudiera causarle alguna señal de menoscabo o vergüenza.
Luego, pasado el tiempo, llegó a nuestra casa “Kazan” un quiltro auténtico, roteque, color negro con café, pechera blanca al igual que la punta de sus patas que lo hacía aparecer como calzando calcetines, y , su principal característica: una cola negra con punta blanca enrollada en espiral y que nunca le vi estirar.
Kazan eras un poco cascarrabia, fiel y leal guardián de sus amos, que no se permitía una distancia mayor a dos metros de nosotros, siguiéndonos a todas partes como cumpliendo instrucciones precisas de un superior jerárquico.
Era un poco viejo, pero con pachorra para cascarse a cualquier perro que se interpusiera en su camino, por fiero o grande que fuera. Una vez peleó con un enorme pastor alemán y aunque ustedes no lo crean, ganó el combate con su técnica favorita “la mordida en cerrojo” sobre una pata del rival.
Aunque escapó bastante magullado, igual nos siguió hasta la piedra alta, nuestro balneario en el río Tucapel, (cuando aún no se convertía en alcantarillado publico), y cada vez que junto a mi hermano nos lanzábamos en piquero para impresionar a las niñas que tomaban sol, Kazán iba tras nosotros en salto mortal y sólo salía del agua cuando lo hacíamos nosotros, así nos demoráramos horas.
La memoria es frágil, no recuerdo que pasó con él finalmente, pero este perro si representó a un amigo que nos hacía sentir seguros y protegidos de cualquier amenaza.
Finalmente, quiero hablarles de Mateo, un hermoso Cocker Spaniel dorado, legítimo, autentico perro de raza y con pedigree confirmado. Mateo me fue regalado por mi sobrina Yasna para mis hijos.
Este can , juguetón, tierno, regalón y de una inteligencia sorprendente, llenó nuestras vidas con su mirada expresiva , casi humana, con una capacidad de aprendizaje realmente notable. Fue mucho más que un perro, Mateo fue un hijo, hermano, un amigo, compañero en las soledades y penas, conocedor de nuestros estados de ánimo como un experto y un loco que iba feliz por la vida perruna, alegrando de paso la nuestra.
Una de las tantas anécdotas que recuerdo fue aquella cuando se comportaba de un modo muy extraño, no quería salir de su casa bajo ningún pretexto, manteniéndose en el hueco de entrada en actitud vigilante.
Mientras pensábamos que estaba enfermo, logré sacarlo de su casa haciendo uso de la fuerza y allí descubrimos la razón de su rara actitud: había “adoptado” a un destartalado cachorro de raza indefinida, plagado de pulgas y tiña.
Luego de recuperarnos del espanto que nos produjo sólo pensar que se podía contagiar y cambiar su hermoso aspecto, porque era un bello y cuidado ejemplar, nos dimos cuenta que miraba a su precario amigo con una ternura casi humana, mientras trataba de taparlo con una de sus frazadas.
Por su bien, especialmente su salud, debí retirar al pulguiento y proceder a llevarlo lejos de la casa para abandonarlo cerca de unas viviendas, donde con suerte podría encontrar cobijo.
Nuestro querido perro murió en un accidente, arrollado por un taxi bus y lo lloramos como lo que fue, un miembro más de nuestra familia.
He querido contarles estas historias, de las cuales ustedes también tendrán las propias, para llamar la atención sobre el abandono que sufren estos queridos amigos. Librados a su suerte en actitud irresponsable por sus amos, convirtiéndose en vagos y callejeros y también en un problema para los ciudadanos y las autoridades, que definitivamente no aportan hasta ahora soluciones a este problema.
Pasan también a ser un real peligro, pues pueden transmitir varias enfermedades a los humanos, aparte del peligro que reviste la posibilidad de ser atacados y mordidos por estas verdaderas jaurías de perros que vagan sin rumbo en el centro de la ciudad.
Como no impactarnos con las escenas dadas en tv hace algún tiempo cuando un grupo de estos perros callejeros atacaron a un niño en Antofagasta, dejándolo en grave estado.
Hace pocos días se anunció un proyecto de ley para multar a los dueños de perros de razas definidas como peligrosas, que generalmente compran estos caros canes con un afán de ostentación o poder y en ocasiones pasan a ser victimas de ellos mismos.
Pero ¿Qué hacemos con los callejeros? Se habla de esterilizar a las hembras, de ofrecerlos en adopción, otros más drásticos hablan simplemente de sacrificarlos, etc. pero ¿Quién le pone el cascabel al perro? ¿Cómo encontramos una solución definitiva?
Se viene el verano y la población de Cañete, ciudad histórica y turística , se verá aumentada por los muchos visitantes que llegan cada año y allí estarán los perros vagos circulando por la ciudad, amenazando con atacar a alguna persona y desparramando cuanta basura encuentren a su paso.
Algo se debe hacer, antes que los perros vagabundos se tomen las calles de la ciudad o se produzca algún ataque . Esperaremos que alguien con autoridad tome las decisiones que correspondan por el bien de la gente y también de los amigos del hombre.
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